Una Sociedad de Espaldas a la Naturaleza
La humanidad ha asumido el riesgo real del cambio climático desde hace unos años, quizás desde que se estableció el Día de la Tierra, ese único día en que se recuerda que el planeta está enfermo, que hay un agujero de ozono, que estamos bajo el efecto invernadero, etc... en definitiva que se han de tomar medidas, sí, sí, hay que tomarlas... mañana quizás... ¿no?
El caso es que la situación ha ido a peor con más rapidez de la imaginada. No sólo no se ha invertido el volumen de la contribución de la actividad humana al efecto invernadero, sino que se ha incrementado progresivamente, más aun, en el caso en que todos los países del mundo llegaran a cumplir el Protocolo de Kyoto de limitar las emisiones de gases a la atmósfera para el año 2010 ó 2012 a los niveles ya muy altos de 1990, el aumento previsto de tales emisiones solo por parte de los J.USA, responsable del 25% del total de dicho impacto, elevaría en 6% el total mundial de las mismas.
Esto es en el caso de que sólo los JUSA ignorará el protocolo, ratificado solo por 47 países y casi ninguno ha cumplido. En Kyoto se había acordado que los JUSA debía reducir sus emisiones en un 7% para el 2010 respecto del nivel de 1990, bien, pues no solo no ha ratificado el acuerdo sino que ha anunciado que aumentara los niveles de 1990 en un 40% para ese año. Aunque los JUSA no son los únicos, España ha aumentado las suyas en un 29% durante la última década y para el 2010 habrá sobrepasado el 60% lo que producía en 1990, superando en un 400% el límite del 15% de incremento de las emisiones establecido en Kyoto como tope máximo para España.. tristemente lo mismo se puede decir del resto de países del mundo.
En estos últimos 10 años sólo el sector energético incrementó el 30'5% sus emisiones de dióxido de carbono; la producción de cemento, metalúrgica y química aumentaron sus emisiones el 33% y las actividades agropecuarias y los deshechos elevaban sus cotas en un 65%, dejando así el Protocolo de Kyoto en papel mojado: buenas intenciones pero sin ninguna operatividad ya que no existe voluntad política ni social.
Todos apretamos a fondo el acelerador del sistema de producción, distribución y consumo. Queremos coches nuevos, cuanto más rápidos y potentes mejor; deseamos mayor consumo eléctrico para tener aire acondicionado y adquirir las últimas novedades en materia de electrodomésticos; no estamos dispuestos a viajar menos, ni a ralentizar el crecimiento económico, ni ha renunciar al despilfarro y a los productos deshechables.
El grado de desarrollo de un país se mide en indicadores económicos que implican más emisiones: mayor consumo energético, más bienes y servicios, más transporte de mercancías y personas, más demanda de materias primas no renovables, más impacto medioambiental en todos los ámbitos, e incluso mayor volumen de deshecho per cápita. Estos son los indicadores que se consideran a la hora de establecer el rango económico de un país y no sus niveles de protección ambiental ni los adelantos que produzca en su sistema productivo para reducir las emisiones de gases. No debe pues extrañarnos este desastroso panorama.
Esta es la sociedad en la que vivimos. La forma de pensar, sentir y vivir de la abrumadora mayoría de los seres humanos; esa misma que algunos estimulan con sentencias tan falsas como "el pueblo siempre tiene la razón". Estamos viviendo inmersos en una sociedad predadora, ávida de mayor riqueza y poder al precio que sea, donde los más desfavorecidos solo desean tener acceso a mayores niveles de consumo. Todos los seres quieren mayor desarrollo económico, y lo miden con las pautas del modelo vigente que nos ha conducido al desastre natural.
El mundo y las leyes naturales que lo rigen no pueden soportar semejante expolio irresponsable. Nosotros que postulamos otro modelo de convivencia, del restablecimiento de los valores que hagan posible una sociedad sustentable que no viva de espaldas a la Naturaleza, si no que se rija con sus leyes eternas... estamos amordazados.
Los mismos ecologistas juegan a hacer trampas cuando dicen demagógicamente que es posible reducir el impacto ambiental a niveles sostenibles sin renunciar a nuestro confort actual, medido en bienes y servicios, argumento totalmente indefendible.
No hay forma de defender esto sin un profundo cambio en nuestra cultura.
La filosofía de la actual economía mundial produce los componentes donde sea más rentable y después los traslada a otros enclaves especializados en redistribuirlos, lo que hace viajar desde China los ajos que se consumen en España por ejemplo, un sistema perverso desde el punto de vista natural. Cuando se dio luz verde al mercado único europeo, se tomó esta decisión con plena conciencia de que suponía un aumento inmediato en las emisiones de gases de un 20%, solo por el incremento del tráfico de transporte de mercancías por carretera.
Todos los gobiernos del mundo anteponen sin excepción, sus prioridades políticas, económicas y sociales al medio ambiente, porque en el caso contrario se quedarían sin votantes. Y las medidas que se han tomado para lograr una supuesta mayor protección del medio natural han obedecido a guerras comerciales, no a prioridades medioambientales.
Así por ejemplo en los 80 se prohibieron los sprays de CFCs por el cloro que afectaba a la capa de Ozono en la alta atmósfera, cuando esta solo representaba una mínima parte de esta contaminación, sin embargo las otras fuentes no se tocaron, como infinidad de usos industriales, los vuelos supersónicos de decenas de miles de aeronaves militares o el propio Concorde, o los fitosanitarios empleados en la agricultura intensiva.
La gasolina sin plomo representó la victoria de la industria alemana de convertidores catalíticos sobre la francesa con sus motores eléctricos. También se sustituyeron los fosfatos de los detergentes por las zeolinas porque el exceso de los primeros hacían proliferar las algas rojas y éstas desoxigenaban las aguas continentales. Los fosfatos podían eliminarse fácilmente en las depuradoras, mientras que las zeolitas introdujeron nuevos impactos y una contaminación de las aguas para lo cual no se disponía de tratamiento eficaz. Los fosfatos debieron ser sustituidos por jabones biodegradables, pero no se hizo porque los consumidores no quieren solo la ropa limpia, si no un "resplandeciente superblanco" (que ojala desearan para la humanidad), aunque esa blancura no sea sinónimo de más higiene y suponga un demoledor impacto en las aguas continentales.
Lo único nuevo respecto al medio ambiente es que los slogans como "respeta el medioambiente" etc... se han convertido en argumentos de ventas, en armas de marketing y en fórmulas para imponer a los fabricantes tecnologías específicas en beneficio de un aparato productivo respaldado por un poder con capacidad de elevar sus intereses particulares al rango de norma jurídica imponiéndolo al resto.
A diferencia de nuestra sociedad que vive de espaldas a la Naturaleza, nuestros ancestros y los hombres del campo aun hoy, percibían los signos que anunciaban una catástrofe. Cuando los rebaños salvajes huían en estampida después de olfatear el aire, sabía desde que dirección provenía la amenaza siguiendo el ejemplo de los propios animales siempre atentos para detectar las amenazas del tiempo. Sin embargo, como dijo Nietszche "la vida , segura bajo el imperio del instinto, peligra bajo el imperio de la razón".
Antes bastaba una señal sutil para mantenernos alerta, hoy se ignoran estos signos con orgullo como si se tratara de cosas triviales. Esta nuestra sociedad se siente más fuerte que la propia Naturaleza, el hombre de hoy se ve como vencedor en la lucha por dominarla, controlarla y ponerla a su servicio. Un tonto optimismo tecnológico ha convencido a la humanidad de que siempre podrá neutralizar los fenómenos naturales adversos. De modo que vivimos sin tener en cuenta los indicios que anuncian lo peor.
Son muchas las especies de aves migratorias que ya no emigran, dado que los inviernos más cálidos les permiten permanecer en el mismo hábitat. Investigadores de la Universidad de Alberta (Canadá) han descubierto recientemente que las ardillas rojas de Yukon y Alaska se han adaptado a una temperatura más cálida, alterando su conformación genética para enfrentarse al calentamiento global progresivo, y es la primera vez que se observa a una especie que responde con una adaptación genética a un cambio medioambiental. Si éstas han modificado su conformación genética es `porque sus organismos han detectado que el calentamiento progresivo no es un episodio transitorio, sino que se trata de un factor que regirá las condiciones de su entorno natural en el futuro.
Los científicos han detectado un descenso alarmante de la luz solar que llega a la superficie de la tierra como efecto de la contaminación atmosférica. Los satélites en órbita permiten descartar que la luminosidad del Astro Rey haya descendido. Es nuestra actividad la que oscurece el sol, fuente de vida.
La solución, regirnos por las leyes eternas de la Naturaleza y dejar de vivir de espaldas a ellas, evidentemente solo así frenaremos el impacto, quizás ya irreversible.
Hay que apelar no solo a la cabeza del hombre sino a su corazón obteniendo así la fuerza de la psique colectiva, algo que a estas alturas la historia ya debería habernos enseñado, a no infravalorar el potencial de la psique colectiva, y el poder que puede obtenerse encauzándola. Y podemos...
Walkiria