La Mujer Blanca y su Herencia Ancestral

 

La Esencia de la Mujer Blanca y su Herencia Ancestral


 

Introducción
Según la mitología nórdica, en las Eddas (1), la primera referencia a la mujer y su creación aparece en la Edda de Snorri en el Gylfagining en el capítulo IX titulado" Los primeros hombres", y en la estrofa 17 de la Edda poética , la Voluspá o Profecía de la Vidente. Allí, tanto en un lugar como en otro, sólo cambia el estilo en prosa o en verso skaldico, se narra como los hijos de Borr (2), el hijo de Bruni que surgió de la piedra que chupaba la vaca Adumla para alimentarse, encontraron dos árboles mientras bordeaban la costa; cogieron los árboles y crearon hombres con ellos. Odín les dio espíritu y vida; Vili sabiduría y movimiento y Vé, forma, habla, oído y vista. Les dieron vestidos y nombre. El hombre se llamó Ask y la mujer Embla y de ellos se engendró la estirpe de los hombres a quienes se les dio Midgard como alojamiento, y vivieron junto a los dioses, pues junto a ellos establecieron Asgard.
Como se ve, en la creación de ambos seres, Ask y Embla, no hay distingos. Son creados a la vez, ambos son tallados de arboles, el hombre no es primero sin mujer, su esencia y estado natural es junto a ella. La mujer en nuestra tradición Europea, no surge de la necesidad de dar compañía al solitario hombre rey del paraíso. No surge de la costilla de Adán mientras él duerme, como una posesión más del hombre ni como su pertenencia dependiente. Surge simultánea y distinta, ambos habitan Midgard, ambos lo pueblan.
Ahí es donde surge la primera distinción entre la mujer europea y la judeocristiana, en su creación ocultada posteriormente por la cristianización de Europa, una persona que junto a otra y con igual origen y valía crean un pueblo, una raza. Distintos en sus atributos los cuales, precisamente, confieren así la posibilidad de creación y repoblación, de sucesión y supervivencia.
Partiendo de esta base, la espiritualidad de la mujer blanca viene dada por esta idiosincrasia marcada en la memoria histórica de cada cual, y en la colectiva de todo un pueblo, el pueblo blanco.
La mujer Blanca siempre se ha revelado contra esa imagen de la mujer sojuzgada por el poder del hombre de la tradición judeocristiana, porque no es su corriente natural de existir. La mujer blanca es luchadora, lucha por la supervivencia de su prole sabedora de la fuerza de un pueblo, y la fuerza de un pueblo estriba en su continuidad y la continuidad depende de la procreación y del cuidado de sus hijos y su desarrollo en los valores transmitidos por sus padres desde la infancia.

Hablamos pues de igualdad como personas, como origen y como seres humanos que luchan codo a codo por su pueblo y su cultura, pero no hablamos de igualdad ni biológica ni psíquica, precisamente por la condición física natural distinta de cada uno de ellos que les confiere hormonalmente las diferencias que afectan a su bioquímica cerebral, sin que esto quiera decir que uno sea inferior que otro , simplemente distintos. Y bendita diferencia!
Estas diferencias son las que confieren el carácter de lo femenino y lo masculino .
Si seguimos con la tradición vikinga, germánica, celta o greco-romana nos encontraremos con innumerables ejemplos desde los relatos de la creación a las Sagas de los héroes, en los que las figuras femeninas tienen una importancia no solo sobrenatural o divina, sino histórica. Sobre todas ellas vamos a tratar por tal de recuperar la esencia de lo femenino en esta sociedad degeneradora de los valores femeninos ancestrales, en favor de un mal entendido feminismo en el que lo que prima es la igualdad sexual, y que intenta imitar al hombre, algo alcanzable solamente siguiendo una corriente anti natura, castradora y aniquiladora de la raza a la que pertenecemos.
Estos valores, están en todos los miembros de nuestra colectividad, y desde luego, estas palabras no van sólo dirigidas a la mujer, si no los hombres que nos acompañan. Tanto los hombres como las mujeres estamos impregnados de estas ideas que el sistema actual nos va grabando a fuego en nuestros cerebros desde niños, por eso pedimos Respeto, valor y virtud de todo ser humano y propio de nuestra raza. Jamás un hombre deberá despreciar la condición de mujer de la cual ha nacido y es. Jamás un hombre blanco y Nacional Socialista deberá hacer sentir inferior a una mujer cuya misión natural y biológica en la vida será la de hacer perdurar su raza y los valores de su pueblo junto al hombre. Ambos se necesitan, ambos se apoyan, ambos se unen , se aman y se respetan en toda la dimensión humana. Y jamás una mujer deberá comportarse de manera que sus valores de mujer Blanca queden ultrajados por una mal entendida feminidad.

Se puede asegurar que entre la mujer y el hombre celta y todos los pueblos europeos, existió un respeto a los derechos, y en muchos casos la igualdad entre ambos era casi perfecta, factor este que tuvo que esperar más de dos mil años para que volviera a resurgir en el resto de Europa, excluyendo a los cátaros de Occitania en la Edad Media, que fueron también justos e igualitarios con las mujeres.